Se cae el móvil, se parte la pantalla y en los diez segundos siguientes todo el mundo hace la misma búsqueda: cuánto cuesta arreglar la pantalla de mi modelo. Es la pregunta lógica, y es la que menos ayuda a decidir, porque compara un precio contra nada. La comparación útil es otra: qué te queda en la mano al final de cada camino, y cuánto te ha costado llegar hasta ahí.
Hay tres caminos, no uno. Vamos con los tres.
Camino 1: repararlo
Es el reflejo, y a veces es lo correcto: si el aparato es reciente, la avería es una sola y está localizada, reparar sale bien. El problema aparece cuando el móvil ya tiene años, que es cuando la mayoría de la gente llega aquí.
Una reparación arregla la pieza que has pagado. Todo lo demás sigue con la edad que tenía: la batería que ya no aguanta la tarde, el conector de carga que solo funciona en un ángulo, los botones que hay que apretar dos veces. Sales con un aparato de cinco años que tiene la pantalla nueva, y en tres meses vuelves a estar decidiendo qué hacer con él.
Y hay una segunda cosa que casi nadie mira hasta que le pasa: la garantía de una reparación cubre la reparación. Si a los ocho meses falla otra cosa, es perfectamente razonable que el taller te diga que eso no era lo que había arreglado. Tiene razón. Pero tú querías un móvil que funcionase, no una pantalla que funcionase.
El otro punto flojo es el precio. Un presupuesto de reparación es una estimación hasta que alguien abre el aparato, y eso significa que decides con una cifra que todavía puede moverse. El miedo real no es pagar: es el «y si luego me dicen que son ciento ochenta».
Camino 2: cambiarlo
Este casi nadie se lo plantea, y suele ser el que mejor sale con aparatos que ya tienen unos años. Consiste en vender el roto tal y como está y comprar uno ya revisado. La diferencia entre las dos cifras es lo que pagas.
Lo que cambia respecto de reparar no es el precio: es lo que te llevas. En vez de un aparato viejo con una pieza nueva, te llevas uno que ha pasado entero por un banco de pruebas: batería, cámaras, altavoces, micrófonos, botones, carga, red. Y la garantía va sobre el terminal completo, no sobre una pieza.
La objeción evidente es «pero mi móvil roto no vale nada». Casi siempre es falso, y es la creencia más cara que hay en esto. Un móvil que no enciende sigue valiendo dinero, porque dentro tiene piezas que otro aparato necesita. Uno con el cristal partido pero la pantalla visible vale bastante más de lo que la gente imagina. En nuestro formulario esas situaciones están contempladas una por una —no enciende, cristal roto con imagen, pantalla rota sin imagen, batería gastada— y cada una tiene su ajuste sobre el precio, así que ves la cifra en pantalla antes de mover el aparato de tu casa.
Lo hemos contado entero, con los cuatro motivos y quién paga cada tramo del envío, en reparar tu móvil o cambiarlo.
Camino 3: no arreglarlo y no tirarlo
A veces la respuesta honesta es que no compensa. Un aparato de nueve años con la placa dañada no tiene arreglo razonable y tampoco tiene comprador. Y entonces pasa lo de siempre: acaba en un cajón, con otros dos, un cargador huérfano y una tablet que dejó de encender.
Ese cajón es un problema pequeño para cada casa y enorme sumado. Un móvil tiene metales que cuesta muchísimo sacar de una mina y muy poco recuperar de un aparato, y tiene una batería que no debería acabar en la basura doméstica bajo ningún concepto.
Aquí conviene distinguir entre decir que se recicla y estar habilitado para hacerlo. Nosotros estamos inscritos en el Registro Integrado Industrial del Ministerio de Industria, con un número para aparatos eléctricos y electrónicos y otro distinto para pilas y acumuladores, porque son dos circuitos separados. Los dos números están en el pie de esta web y en nuestras facturas. Lo explicamos en vacía tu cajón.
Cómo decidir en dos minutos
El orden que nosotros seguiríamos, y es el contrario del que sigue todo el mundo:
- Mira primero cuánto vale tu aparato roto. No cuánto cuesta arreglarlo: cuánto vale. Es gratis, tarda dos minutos y cambia el resto de la decisión.
- Compara esa cifra con lo que costaría uno ya revisado. La resta es el precio real de cambiar. Muchas veces es parecido al de una reparación grande, y lo que te llevas no se parece en nada.
- Repara solo si el aparato es reciente y la avería es una. Entonces sí, y con toda la razón.
- Y lo que no valga nada, que no acabe en el cajón. Ahí no le sirve a nadie, y fuera del cajón sí.
Lo importante es no dar el primer paso al revés. Casi todas las decisiones malas con un móvil roto empiezan por dar por hecho que no vale nada, y eso es justo lo que hay que comprobar primero.